Para los padres y cuidadores, leer cuentos infantiles para dormir es una oportunidad de crear un momento de calma y cercanía con los más pequeños. Estos cuentos cortos, llenos de historias bonitas y sencillas, ayudan a bebés, niños de preescolar y hasta más mayores, a relajarse, estimular su imaginación y fomentar el amor por la lectura, ¡son ideales para leer juntos cada noche!
- Ratón de campo y ratón de ciudad
- El Pájaro de oro
- La zorra y las uvas
- Juan y las habichuelas mágicas
- Caperucita Roja
- El Príncipe Rana
- Rapunzel
Ratón de campo y ratón de ciudad

Había una vez un ratón que vivía en la ciudad y que decidió ir a visitar a su primo que vivía en el campo. El ratón de ciudad era un poco arrogante y gamberro, pero su primo el ratón de campo le quería mucho, así que lo recibió con mucho gusto. Le ofreció lo mejor que tenía: judías, tocino, pan y queso.
El ratón de ciudad levantó la nariz y dijo:
— No lo entiendo, primo, ¿cómo te las arreglas para vivir con estos alimentos tan escasos y pobres? Imagino que aquí, en el campo, es difícil conseguir algo mejor. Ven conmigo y te enseñaré cómo se vive en la ciudad. Después de pasar una semana allí, te sorprenderás de lo mucho que has soportado de la vida en el campo.
Los dos se pusieron en camino y cuando se hizo de noche, llegaron a la casa del ratón de ciudad.
— Seguro que después de este paseo te apetece tomar algo - Le dijo cortésmente a su primo.
Así, le condujo al comedor, donde encontraron los restos de un gran festín. Se dispusieron a comer deliciosas mermeladas y pasteles. De repente oyeron gruñidos y ladridos.
— ¿Qué es eso? - Preguntó asustado el ratón de campo.
— Son los perros de la casa - Respondió el ratón de ciudad.
— ¿Es eso? No me gustan estos ruidos durante la cena.
En ese momento se abrió la puerta y aparecieron dos perros enormes. Los ratones tuvieron que huir a toda prisa.
— Adiós, primo —dijo el ratón de campo — me vuelvo a mi casa del campo.
— ¿Seguro que te vas tan pronto? — Preguntó el ratón de ciudad.
— Sí, me voy y no pienso volver —concluyó el primero.
Esopo
Moraleja del cuento: esta historia nos enseña sobre la importancia de valorar lo que tenemos. Más vale poco y bueno que mucho y malo.
El Pájaro de oro

Érase una vez un rey que tenía un jardín encantado con un árbol especial que daba manzanas de oro. Cada noche, una manzana desaparecía misteriosamente, lo que preocupó al rey, que pidió ayuda a sus hijos.
Los hijos mayores intentaron impedir que las manzanas desaparecieran, pero fracasaron, ya que se quedaban dormidos en cuanto caía la noche. Cuando le llegó el turno al hijo pequeño, decidió pasar a la acción y demostrar su valía a su padre. Siempre vigilante, a medianoche vio que un pájaro dorado recogía una de las manzanas y le disparó una flecha, pero solo consiguió una pluma.
El rey se quedó impresionado por tan valiosa pluma y ordenó que le trajeran el pájaro entero. El hijo mayor, deseoso de cumplir los deseos de su padre, emprendió el viaje. Al llegar al denso bosque que rodeaba el reino, el príncipe se encontró con un zorro encantado que le aconsejó cómo debía actuar para tener éxito en su búsqueda, pero él era demasiado arrogante y no le hizo caso.
Al llegar al pueblo más cercano, se dejó seducir por la brillante y festiva posada, sumergiéndose en los placeres que le ofrecían y olvidando por completo el propósito de su viaje. Del mismo modo, el segundo hijo siguió el ejemplo de su hermano mayor, cayendo en la misma trampa y desviándose de su objetivo original.
Al darse cuenta de que sus hermanos no regresaban, el hijo menor suplicó a su padre una oportunidad para probar suerte. A pesar de las dudas y vacilaciones del rey, le permitió que se pusiera en camino, reconociendo la determinación y el valor del joven.
Al igual que sus hermanos, el hijo menor se encontró con el zorro, que una vez más le ofreció valiosos consejos. Esta vez, el joven, humilde y atento, siguió al pie de la letra las palabras del zorro, optando por la posada menos atractiva y evitando las distracciones.
A la mañana siguiente, estaba listo para reemprender el viaje cuando se encontró de nuevo con el zorro, que le prometió ayudarle en la siguiente etapa. Le dio indicaciones sobre dónde estaría el pájaro y cómo debía entrar para capturarlo, y le advirtió que bajo ningún concepto debía sacar al pájaro de su jaula.
Gracias a su prudencia y sabiduría, el hijo menor llegó al castillo del pájaro dorado, pero cuando estaba a punto de capturarlo, vio una jaula dorada al lado. No pudo resistirse y quiso cambiar al pájaro de jaula. En ese momento, este lanzó un grito agudo que alertó a los guardias.
El príncipe fue capturado y condenado a muerte, pero pronto fue liberado con la condición de que trajera al reino un caballo de oro. Una vez más, siguiendo el consejo del zorro, el príncipe consiguió el caballo, pero cuando volvió a desobedecer al zorro, volvió a ser condenado. El rey decidió perdonarle la vida de nuevo con una condición: tenía que traer a la princesa dorada del castillo dorado.
El príncipe se marchó con el corazón aún más encogido y volvió a encontrarse con el zorro encantado. El animal, al ver el desánimo del príncipe, decidió ayudarle de nuevo, ofreciéndole consejos sobre cómo conquistar a la princesa dorada. Con más ánimos, el príncipe siguió las instrucciones del zorro y consiguió llegar al castillo dorado.
Allí esperó pacientemente hasta la noche, cuando la princesa salió a pasear por el patio del castillo. Siguiendo el consejo del zorro, se acercó a ella con delicadeza y cortesía. Se presentó a la princesa y le explicó su situación, pidiéndole humildemente que le acompañara voluntariamente para ayudarle a completar su misión.
Conmovida por la sinceridad y valentía del príncipe, accede a irse con él, pero le pide ir a despedirse de sus padres antes de partir. Aunque reacio, el príncipe consintió. Sin embargo, cuando la princesa se acercó a sus padres, estos se despertaron y todo el castillo se llenó de alboroto. El príncipe fue capturado y condenado de nuevo, esta vez a derribar una montaña que bloqueaba la vista desde la ventana del rey.
Sin fuerzas, el príncipe estaba a punto de rendirse cuando apareció el zorro. Esta vez, realizó la hazaña por él durante la noche y, cuando el príncipe despertó, vio que la montaña había desaparecido. Lleno de gratitud, se puso inmediatamente en camino para comunicar al rey la noticia.
Impresionado por la determinación del joven, el rey accedió a casarlo con la princesa dorada. Juntos, los dos se pusieron en camino y pronto fueron alcanzados por el sabio zorro.
El joven príncipe, sin embargo, recordó que no podía volver a casa sin el pájaro de oro que le había pedido su padre. El zorro le aconsejó:
«Primero deberás conseguir el caballo de oro, y para eso debes llevar a la princesa ante el rey. Todos se alegrarán y te darán el caballo. Súbete a él, despídete y, antes de irte, toma a la princesa y vete rápido».
El plan del zorro funcionó, y el príncipe partió con la princesa y el caballo. El animal les dio entonces instrucciones sobre lo que debían hacer a continuación para conseguir el pájaro de oro:
«Deja a la princesa conmigo mientras vas al patio. Coge el pájaro, vuelve y vayámonos con todos los tesoros».
Juntos, los tres regresaron al reino del príncipe, donde fueron recibidos con alegría y celebración. El rey, orgulloso del logro de su hijo pequeño, reconoció la importancia de escuchar los consejos de los demás y le recompensó generosamente. Mientras tanto, los hermanos mayores, confrontados con su propio fracaso y arrogancia, aprendieron la lección de la humildad y el respeto por los sabios consejos.
Sin embargo, el zorro aún tenía una última petición para el príncipe. Suplicó ser liberado del encantamiento que le mantenía atrapado en forma de zorro. El generoso príncipe accedió a ayudarlo. Con la ayuda de un sabio local, descubrieron un antiguo ritual de liberación.
El zorro se transformó en hombre, revelando que en realidad era el hermano de la princesa, que había sido maldecido.
Superados todos sus retos y transformadas sus desgracias en felicidad, todos vivieron juntos en paz y prosperidad hasta el final de sus días.
Moraleja del cuento: esta historia nos habla sobre ser humildes y sobre la importancia de escuchar los consejos de los que nos aman. Además, ser amables y generosos con los demás nos aporta felicidad y nos ayuda a construir relaciones fuertes y duraderas.
La zorra y las uvas

Una hermosa mañana de otoño, en el corazón de un bosque, una astuta zorra pelirroja paseaba en busca de algo para comer. De repente, su agudo olfato detectó un delicioso aroma en el aire.
Estaba hambrienta y curiosa, cuando un destello de colores en una enredadera cercana captó su atención. Al acercarse, la zorra descubrió un magnífico racimo de uvas maduras y jugosas. Salivando, decidió que esas uvas eran todo lo que necesitaba.
Sin embargo, la zorra no prestó atención a la desafiante altura de las ramas. Con agilidad y destreza, saltó tratando de alcanzar las apetitosas uvas. Decidida y bajo la atenta mirada de los demás animales, probó varios métodos ingeniosos para atraparlas. Sin embargo, por mucho que estiraba sus elegantes patas, con cada salto las uvas parecían alejarse más y más.
Tras varios intentos fallidos, la frustración de la zorra empezó a convertirse en descontento. Intentando disimular su derrota, exclamó en voz alta: "Estas uvas no deben de estar suficientemente maduras. Sin duda están agrias y no merecen la pena".
Los demás animales del bosque que observaban la situación se dieron cuenta de la intención de la zorra y de su intento de ocultar su fracaso.
Un búho sabio, que había visto todo desde lejos, se acercó a la zorra y le dijo: "Amiga mía, no es de sabios menospreciar lo que está fuera de nuestro alcance. Tal vez, en lugar de menospreciar las uvas, deberías reconocer que no siempre podemos tener todo lo que queremos".
Aquel día, la zorra aprendió una valiosa lección y con humildad, reconoció que la amargura no estaba en las uvas, sino en su propia actitud, y que la verdadera dulzura reside a menudo en la aceptación y en la gratitud por lo que tenemos.
Moraleja del cuento: esta fábula transmite la sabiduría de la humildad y la aceptación de nuestras limitaciones.
Juan y las habichuelas mágicas

En una humilde aldea había un joven llamado Juan, que vivía en una pequeña casa de campo con su abuela María. Corrían tiempos difíciles, pues una larga sequía había devastado todas sus cosechas. Aún así, Juan y su abuela eran conocidos por su generosidad. ¡Siempre estaban dispuestos a compartir lo poco que tenían con quienes lo necesitaban!
Un día, Juan se encontró con un hombre misterioso en el bosque. El desconocido le dijo al joven que tenía un regalo muy especial para él: un paquete que contenía un puñado de semillas de judías que, si se plantaban con cuidado, darían lugar a algo extraordinario.
Sorprendido pero entusiasmado, Juan dio las gracias al hombre y se apresuró a volver a casa con el exótico regalo. Dentro del paquete, unas mágicas semillas de judía brillaban con una radiante luz verde. El niño se las enseñó a su abuela.
Doña María, aunque escéptica al principio, acabó contagiándose de la emoción que reflejaban los ojos de su nieto y accedió a plantar las semillas en el patio. Sin embargo, para su sorpresa, en cuanto las semillas tocaron el suelo, un inmenso tallo de judías comenzó a crecer rápidamente, enrollándose como una larga trenza alrededor de la casa. Juan y su abuela contemplaron asombrados esta increíble transformación mientras la planta crecía hasta llegar a las nubes.
Decididos a explorar lo que había allí arriba, los dos empezaron a escalar la judía, poco a poco, cada vez más alto, ayudándose siempre, como era su costumbre. Finalmente, llegaron a un mundo mágico en las nubes, lleno de colores brillantes y criaturas amigables.
Allí encontraron un hermoso castillo donde vivía un gigante muy simpático y agradable llamado Hugo.
A diferencia de lo que se dice de los gigantes, Hugo no era feroz, sino amable y generoso. Vivía en el castillo con Oscar, un ganso que ponía majestuosos huevos de oro.
Cuando Juan y su abuela le explicaron la difícil situación en la que vivían, Hugo se sintió profundamente conmovido y no se lo pensó dos veces. Decidió regalarles el ganso mágico.
Juan y doña María no se lo podían creer. Con lágrimas de alegría, bajaron de la montaña con el ganso bajo el brazo, soñando con la nueva vida que tendrían. Se llevaron a Oscar a casa, y los huevos de oro contribuyeron a mejorar sus vidas y las de todos los habitantes de la aldea.
Moraleja del cuento: esta historia nos enseña la importancia de la generosidad, la empatía, el apoyo mutuo y el trabajo en equipo, y cómo estas virtudes pueden traer recompensas inimaginables.
Caperucita Roja

Caperucita Roja era una niña que vivía en una hermosa casa con su mamá. Siempre llevaba una capa y un gorrito rojo.
Un día, la mamá de Caperucita le encomendó la tarea de entregar una canasta repleta de deliciosos caramelos a su querida abuela:
- Caperucita, por favor, lleva esta preciosa cesta de comidas a tu abuela, pero evita el camino del bosque, porque es muy peligroso. Elige el camino de la floresta y no hables con extraños.
Caperucita quería mucho a su abuela y salió de casa muy deprisa, cantando con alegría. Quería darle una sorpresa a su abuela y se puso a recoger las flores que encontró por el camino.
La niña estaba distraída con las flores cuando se topó con el lobo feroz. Caperucita no se dio cuenta de que era el lobo feroz, así que no se asustó ni sintió miedo.
- Hola, Caperucita Roja.
- Buenos días.
- Apenas acaba de salir el sol, ¿adónde te diriges?
- Mi abuelita está enferma, por eso voy a visitarla para darle una cesta con dulces y pasar tiempo con ella.
El lobo, que era muy astuto, no dudó en responder:
- Si quieres llegar cuanto antes a verla, lo mejor será que tomes el camino del bosque en lugar de atravesar la floresta, ¡es mucho más rápido!
Ella dudaba, porque no le gustaba desobedecer a su mamá, pero decidió seguir el consejo del lobo. Mientras Caperucita Roja seguía el camino de la floresta, el lobo fue por el camino del bosque, cantando y corriendo, y rápidamente llegó a casa de la abuela. Llamó a la puerta:
- ¿Quién está ahí? - preguntó la abuelita.
Contestó el lobo, disimulando la voz:
- Soy yo, Caperucita Roja.
- Entra, querida, la puerta está abierta.
El lobo, que era muy rápido, entró y se tragó a la viejecita de un bocado. Luego se puso su ropa y esperó a Caperucita. Al llegar a casa de la abuelita, la niña encontró al lobo y le preguntó:
- ¡Abuelita! ¿Por qué tus orejas tienen ese tamaño tan peculiar?
- Es para poder oir con todos los detalles todo lo que me dices.
- Abuelita, ¿por qué tienes los ojos tan grandes?
- Para verte con mayor claridad.
- Abuela, ¿por qué tu boca es tan grande?
- ¡Es para comerte! - respondió el lobo.
Diciendo esto, el lobo empezó a correr detrás de Caperucita. Al cabo de un rato, tropezó y cayó al suelo. Mientras tanto, la niña se escondió dentro de un armario. El lobo decidió echarse una siesta y empezó a roncar. Un cazador que pasaba por allí lo oyó:
- ¿Qué son esos ronquidos tan raros?
Entró y encontró al lobo en mal estado:
- ¡Ah! ¡Eres tú ahí dentro, malvado!
Al oír la voz del cazador, Caperucita apareció y le contó toda la historia. Aprovechando que el lobo estaba dormido, le abrieron la barriga y sacaron a la Abuelita. Las dos se abrazaron felices.
- ¿Y ahora qué vamos a hacer con este lobo malvado?
Los tres decidieron llenar de piedras la barriga del lobo. Cuando se despertó, intentó huir, pero se cayó y no volvió a levantarse.
Todos se sintieron aliviados y felices. El cazador se fue y Caperucita y su abuela se sentaron en el balcón a saborear los dulces de la cesta. Caperucita prometió haber aprendido la lección y sabía que no volvería a quebrantar las directrices de su mamá.
Moraleja del cuento: Este cuento muestra la importancia de seguir los consejos de los papás, así como el valor y la astucia necesarios para afrontar y superar los obstáculos.
El Príncipe Rana

Érase una vez un reino muy lejano en el que gobernaba un rey sabio y justo. Este rey sólo tenía una hija, la princesa Luna, que era conocida por su belleza y bondad. A Luna le encantaba jugar en los jardines del castillo, sobre todo con su pelota dorada, que era su compañera favorita.
Un día, mientras jugaba, la pelota de oro se le escapó de las manos y rodó, cayendo en un pozo tan profundo que era imposible ver su final. La princesa se desesperó y sin saber cómo podría recuperar su querida pelota, se echó a llorar. Justo en ese momento, una voz suave que venía de los más profundo del pozo dijo:
- ¿Por qué lloras, hija del rey?
La princesa, asustada, miró a su alrededor para ver de dónde procedía el sonido, pero no vio más que su propio reflejo en el agua. De repente, para su sorpresa, una rana saltó del pozo. La niña le habló entonces de su querida pelota, de lo que había pasado y de su profunda tristeza por haberla perdido.
Sin dudarlo, la rana se ofreció inmediatamente a ayudar.
- No te preocupes, princesa. Deja de llorar y yo encontraré la pelota por ti. Estaré encantada de ayudarte.
La princesa Luna, sorprendida por el ofrecimiento de la rana, dudó un momento, pero luego aceptó. La rana volvió al pozo y regresó con la pelota dorada.
La princesa Luna estaba encantada. Agradecida por la ayuda de la rana, la invitó a acompañarla al castillo. Al principio, los criados e incluso el rey, se sorprendieron al ver a la princesa en compañía de una rana, pero pronto se dieron cuenta de la bondad y sabiduría del pequeño anfibio.
Con el tiempo, la rana y la princesa Luna se hicieron inseparables. La rana no sólo era hábil recuperando objetos perdidos, sino que también poseía profundos conocimientos de música y geografía. La princesa, por su parte, enseñó a la rana a apreciar la belleza del castillo y los jardines, además de compartir historias y experiencias de su propio mundo.
La amistad entre la princesa y la rana se hizo conocida en todo el reino. Y así, con esta inusual amistad, vivieron felices para siempre, recordando a todos que la verdadera belleza está más allá de las apariencias, y que la amistad y la aceptación pueden transformar vidas y reinos.
Moraleja del cuento: Esta historia nos enseña que la verdadera amistadva más allá de las apariencias, y se basa en las buenas acciones y en la aceptación y el aprecio de las diferencias.
Rapunzel

Érase una vez, en un reino lejano, una hermosa princesa llamada Rapunzel. Su pelo era muy largo y fuerte, y en sus mechones no solo escondía fuerza y belleza, sino también una poderosa magia. La princesa vivía en una torre alta, donde había sido encerrada por una bruja malvada que quería dominarla para apoderarse de todos los hechizos del mundo.
La torre donde vivía Rapunzel no tenía escaleras, la única forma de entrar o salir era a través su larga trenza, tan dorada como mágica. Así, cuando la bruja quería entrar, se ponía bajo la pequeña ventana y gritaba:
- ¡Rapunzel, Rapunzel! ¡Tira tus trenzas!
Y Rapunzel abría la ventana, se desenredaba las trenzas y las lanzaba fuera para que la bruja pudiera trepar por ellas.
Curiosa y soñadora, la princesita ansiaba la libertad desde lo alto de su torre. Sentía un profundo deseo de explorar el mundo exterior, quería conocer todo aquello que estaba más allá de las ventanas de su torre.
Sin embargo, Rapunzel no estaba sola. Se había hecho amiga de muchos pajaritos, que siempre iban a visitarla, y disfrutaba pasando el tiempo cantando con sus amigos.
Pasaba las horas imaginando bosques mágicos, ríos de agua cristalina y montañas nevadas, y todos los días inventaba historias y cantaba canciones sobre esos lugares mágicos a sus amigos voladores.
Un día, mientras Rapunzel cantaba, oyó un ruido extraño. Y cuando digo extraño, quiero decir que era un sonido muy diferente a lo que había escuchado hasta ese momento. Después de todo, Rapunzel pasaba días enteros asomada a la pequeña ventana de la torre y conocía cada sonido de aquel bosque misterioso pero familiar.
Curiosa por descubrir que sería ese ruido, miró por la ventana. ¡Era un dragón! El guardián del bosque mágico que rodeaba la torre, que estaba atrapado en una red embrujada creada por la malvada bruja.
Rapunzel, que era valiente y generosa, decidió que tenía que ayudarle. Trenzó un largo mechón de su pelo dorado y pidió a sus amigos pájaros que lo lanzaran fuera de la torre. El dragón vio la trenza dorada, la agarró con sus afiladas garras, y con la ayuda de la magia de Rapunzel, pudo liberarse.
Agradecido, el dragón prometió devolverle el favor.
Esa misma noche, mientras la luna brillaba en el cielo, un valiente príncipe llegó al bosque mágico. Era conocido en todo el reino por su valentía, su bondad y su capacidad para comunicarse con los animales. Se dirigía a buscar la legendaria torre donde se decía que estaba prisionera una princesa.
Cuando se encontró con el gran dragón guardián, este le contó cómo las misteriosas trenzas mágicas de una joven princesa lo habían liberado. Fue entonces cuando el príncipe se dio cuenta de que estaba en el buen camino para desentrañar el misterio.
Con la ayuda del dragón, encontró la torre y llegó a la cima. Rapunzel los recibió con gran entusiasmo y quedó impresionada por la bondad y valentía del príncipe. Juntos idearon un audaz plan de fuga, pues la malvada bruja no estaba dispuesta a dejar escapar tan fácilmente a su preciada prisionera.
El dragón utilizó su fuego para crear una distracción en el bosque, mientras el príncipe y Rapunzel escapaban de la torre. Corrieron por el bosque mágico, enfrentándose a retos y superando los obstáculos más terribles. Con el coraje del príncipe y la inteligencia de Rapunzel, finalmente llegaron sanos y salvos al reino.
El rey, impresionado por tal hazaña, dio su bendición a ambos para que se casaran. Y así, el bondadoso y valiente príncipe se casó con Rapunzel, la legendaria princesa de la larga y mágica melena dorada. Vivieron felices para siempre, repartiendo amor y bondad por todo el reino.
La bruja malvada no volvió a aparecer y el dragón, además de ser el guardián del bosque mágico, pasó a proteger a todo el reino.
Moraleja del cuento: Este cuento nos enseña que ser valiente y ayudar a los demáses muy importante porque cuando somos amables y nos unimos, pueden ocurrir cosas hermosas y buenas.
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