Calaveritas literarias: 42 ejemplos llenos de humor y tradición mexicana (2026)


Equipo editorial de Pensador
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Creado y revisado por nuestros editores

Las calaveritas literarias son versos breves y jocosos que juegan con la idea de la muerte de forma humorística y creativa, una tradición popular en la cultura mexicana. A través de ejemplos de calaveritas chistosas y con rima, se puede reflexionar con ligereza sobre el tema, en la vida cotidiana y en ambientes escolares, mostrando que la muerte también puede ser motivo de celebración.

La flaca entró a la cantina,
pidió pulque y un mezcal,
salió bailando en la esquina
con un charro muy formal.

El gato vio a la calaca,
y maulló con gran furor,
“¡Si me llevas, flaca flaca,
al menos dame un ratón!

mi compa estaba

Mi compa estaba en su bici
cuando vio una silueta flaca,
pensó que era un policía…
¡pero era la calaca!
Le dijo: “No te me asustes,
vengo solo por tus dulces".

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La muerte quiso bailar
en un concurso local,
pero el DJ, sin piedad,
puso salsa... ¡y se fue a llorar!

La Catrina fue al mercado,
quería chile y tortilla,
pero al ver tanto enchilado,
salió huyendo la calilla.

La flaca fue a una boda,
vestida de gala y flor,
y al ver tanto amor de moda
dijo: “Mejor me voy, qué horror.

La muerte a Toño llamó
mientras jugaba al balón,
pero él le tiró un pase
y gritó con emoción:
“¡Vente al equipo, flaquita!”
y ella fue… ¡la portera invicta!

la muerte no es

La muerte no es enemiga,
sino parte del camino,
con amigos a mi lado,
la afronto con destino.

Juan se arreglaba en el espejo,
iba tarde al festival,
cuando la muerte en su reflejo
le guiñó de forma informal.
“¡No me asustes tan temprano!”,
le gritó con el cepillo en la mano.

A mi amigo Pancho un día
la muerte vino a buscar,
él dormía tan tranquilo
que ni la pudo espantar.
Le ofreció un cafecito,
¡y la flaca se fue a charlar!

la muerte fue al

La muerte fue al súper sola,
con su lista en el carrito,
pero al ver tanta oferta
¡se olvidó del quesito!
Terminó con puros dulces…
y un hueso de jamoncito.

La calaca en el transporte
se subió sin pagar,
el chofer le dijo fuerte:
“¡Aquí todos deben pagar!”
Le dio su hueso de cambio…
¡y se fue sin rechistar!

La muerte quería correr,
pero olvidó sus zapatos,
corrió con los pies descalzos,
y saltó sobre los gatos.

Marta se tomó un selfie
con su filtro de unicornio,
y la muerte muy alegre
salió detrás en el fondo.
“¡Uy, borrón inmediato!”,
dijo al verla en el retrato.

En la fila del mercado
una señora gritó:
“¡Ese señor se coló!”
y era la muerte apurada
con frijoles en la mirada.

por aqui paso

Por aquí pasó la muerte,
¡pero se tropezó!
Cayó en un charco de lodo,
y se embarró.

La flaca fue al dentista
porque le dolía un molar,
pero al abrir la boca…
¡no había nada que arreglar!
El doctor muy confundido
le dio un chicle derretido.

Por aquí pasó la muerte,
con su frío y su lamento,
ninguno se escapa de ella,
es dueña del tiempo.

en el bar

En el bar brindamos juntos,
sin temer a lo mortal,
pues la muerte es solo un paso,
que llega puntual.

Y aunque la huesuda venga,
con su manto y su sombrero,
la amistad es un faro,
que alumbra hasta el infierno.

Calaveritas literarias escolares perfectas para niños y maestros

El profe estaba en su clase
dando un tema complicado,
la muerte alzó la mano:
“¡Ya me tienes enterrado!

Una niña en matemáticas
sumaba con gran destreza,
la flaca sacó la cuenta:
“¡Llevo mil en mi tristeza!

la muerte fue

La muerte fue a la escuela,
con lápiz y con cuaderno,
pero al ver tanta tarea,
dijo: “¡Esto es puro infierno!

En dibujo la catrina
hizo un autorretrato,
pero nadie lo entendía…
¡le salió puro garabato!

Un niño le dio un dibujo
a la Catrina burlona,
y ella, con un gran empuje, le dijo:
“¡Te ganaste una dona!

El director de la escuela,
querido por su buen trato,
vio llegar a la Calaca
y se quedó muy extrañado.

"¿Yo, señora? ¿Está segura?
Aún tengo tanto por hacer",
mas la Muerte con dulzura
le dijo: "Hoy debe ceder".

La flaca se fue al circo
queriendo ser malabarista,
lanzó tres huesos al aire…
¡y perdió la vista!

Una niña preguntó
si la muerte usaba crocs,
ella seria contestó:
“¡Yo prefiero mis huaraches, mi amor!”

La muerte quiso estudiar,
ser doctora o astronauta,
pero al ver tanto apuntar…
mejor se volvió pirata.
Con parche y con un loro,
la flaca gritó: “¡Tesoro!”

La flaca quería comer,
un helado de limón,
pero se le derritió,
e hizo una gran confusión.

La huesuda se asustó,
con un perro muy chiquito,
y salió corriendo rápido,
como en un patinito.

En la escuela había un director,
de mirada firme y paso seguro,
que creía tener todo bajo control,
hasta que llegó la Catrina al muro.

la muerte quiso

La muerte quiso pintar
con pinceles y acuarelas,
pero no tenía dedos…
¡y se manchó las caderas!

Un niño gritó: “¡Fantasma!”
cuando vio a la calavera,
pero era solo su hermana
jugando con la manguera.

La muerte fue a patinar
con casco y todo el estilo,
pero al intentar frenar…
rodó hasta caer al río.
Salió mojada y sin dientes,
gritando: “¡Qué mala suerte, gente!

Martita en dibujo hacía un mural,
con sol, mar, nubes y coral,
la muerte añadió una calaverita,
que quedó genial en la paleta bonita.
Todos aplaudieron su obra creativa,
la flaca saludó… ¡y fue emotiva!

En el recreo la flaca
jugaba con la pelota,
pero un niño con gran puntería
le dio justo en la cocota.

En la piñata la flaca
quería dulces sin parar,
pegó tan fuerte al cartón…
¡que voló hasta el bazar!

Calaveritas literarias famosas y populares

Calaveras del montón

Los ricos por su elegancia,
los rotitos con redrojos,
los pobres por su miseria,
los tontos por su ignorancia,
los jóvenes por su infancia,
los hombres de edad madura,
todos en la sepultura,
con las viejas, ¡qué ficción!,
serán, como dice el cura:
calaveras del montón.

José Guadalupe Posada

El abuelito

Estaba el abuelito
sentado en su banquito
pasó una sombra pálida
terminando su jornada
sin testigos del suceso
silencioso fue el intruso
sin rastros ni pistas.

Era el último de su lista
ya no está el abuelito
sentado en su banquito
ahora esta en otro lado
cantando y celebrando.

Iván González

Revumbio de calavera

Quien quiera gozar de veras
y divertirse un ratón,
venga con las calaveras
a gozar en el panteón.

Literatos distinguidos
en la hediondez encontré
en gusanos confundidos,
sin ellos saber por qué.

Y en gran tropel apiñados
los vendedores corrían
contentos y entusiasmados
por el negocio que hacían.

Cereros de sacristía
que roban la cera al rato,
que con mucha sangre fría
se echan el sufragio al plato.

José Guadalupe Posada

Calavera de Don Quijote

Ésta es de Don Quijote la primera,
la sin par, la gigante calavera.

A confesarse al punto el que no quiera
en pecado volverse calavera.

Sin miedo y sin respeto ni a los reyes
este esqueleto cumplirá sus leyes.

Aquí está Don Quijote
la calavera valiente,
dispuesta a armar un mitote
al que se le ponga enfrente.

Ni curas ni literatos,
ni letrados ni doctores,
escaparán los señores
de que les dé malos ratos.

Sin respetar el talento
ni el dinero ni la gloria,
de todo humano elemento
formaré en un solo momento
una inmensa pepitoria.

De mi potente pujanza,
nadie escaparse podrá,
pues al filo de mi lanza
hay que perder la esperanza
y prevenid la mortaja,
pues tengo las intenciones
de rellenar los panteones
de muertos con o sin caja.

José Guadalupe Posada

Cómo hacer una calaverita literaria

Las calaveritas literarias son uno de los géneros más entrañables del Día de Muertos en México. Se caracterizan por tener versos cortos, ingenciosos y llenos de humor que imaginan el encuentro de una persona con la muerte. Para escribir una debes tener en cuenta lo siguiente:

1. Elige a la persona o personaje

Puede ser un familiar, un amigo, un compañero de la escuela, un maestro o incluso un personaje público. Piensa en alguien cuyas costumbres, manías o forma de ser conozcas bien, porque eso será la base de tu calaverita.

2. Reúne sus características más notorias

Haz una lista de los rasgos más reconocibles de esa persona: su profesión, una costumbre repetida, una frase que siempre dice o algo que le encanta hacer. ¡Los detalles son importantes!

3. Imagina el encuentro con la muerte

El corazón de toda calaverita es la visita de la Catrina, la Parca o la Huesuda. Piensa qué pasaría si esa persona, en medio de su actividad favorita se topara de pronto con la muerte. Ese choque entre lo cotidiano y lo macabro es lo que genera la comicidad.

4. Usa un tono burlón pero nunca cruel

El humor es la esencia de la calaverita. No se trata de ofender sino de jugar con cariño sobre las costumbres de la persona. El tono ideal mezcla ironía, ternura y un poco de sarcasmo ligero.

5. Respeta la estructura en versos

La forma tradicional se compone de estrofas de cuatro versos (cuartetos), donde el primer verso rima con el tercero y el segundo con el cuarto, o bien el primero con el cuarto y el segundo con el tercero.

6. Construye una pequeña historia

Una buena calaverita no es solo una lista de rimas, sino una anécdota con principio, desarrollo y final. Empieza presentando a la persona, sigue con la llegada de la muerte y su intento de llevársela, y cierra con una resolución que sorprenda o haga sonreír.

7. Cierra con un giro inesperado

El final es la parte más importante. Puede ser chistoso, tierno o irónico, pero siempre debe dejar al lector con una sonrisa.

8. Lee tu calaverita en voz alta

Antes de darla por terminada, léela varias veces. Esto te ayudará a notar si las rimas fluyen bien y si el ritmo se siente natural.

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